sábado, 7 de julio de 2007

¡Ora pro nobis!


El papa Benedicto XVI levantó las restricciones para oficiar la antigua liturgia de la misa en latín, en una concesión a los tradicionalistas de la Iglesia, pero enfatizó que su decisión de ningún modo daba marcha atrás a las reformas del Concilio Vaticano Segundo y bla bla bla...




Si las misas de por sí ya eran un monumento al aturdimiento y la dispersión mental siendo que el párroco habla el mismo idioma que nosotros y aún así la ida por las ramas del sermón nos hacía perder el hilo, de qué nos vamos a disfrazar cuando el clero comience a hablar en latín? No es que sea una preocupación de esas que no dejan dormir, puesto que si voy a misa una vez por año es mucho. Pero la vez que voy, al menos quiero entender cada palabra por más que el sermón sea una ida por las ramas. No se si también dará la misa de espaldas. De hacerlo, le aconsejaría al señor cura que de vez en cuando así con el rabo del ojo espíe un poco a ver si queda alguien en la iglesia. Su humilde servidora opina que es un revés a la convocatoria de personas, que el idioma de la misa sea distinto al de los concurrentes. Pero los 3 ancianos que quedan de la época de la misa en latín, deben estar tan felices por el hecho de que las misas a las que ya no asisten, vuelvan a ser como las misas a las que hace tiempo ya no asistían.

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