
Vivo un día sin contar las horas,
una noche abierta sin llevar la prisa.
Rasgo la piel con espinas por robar una rosa.
Destilo el llanto hasta obtener la risa.
Le miento los puntos a la suerte,
no le rindo cuentas al destino.
No juego a las cartas con la muerte,
ni le dejo el mapa de mi camino.
Nunca mezclo el amor con la rutina
pues esto resulta en un precipitado de apatía.
No debería volver a inspeccionar las ruinas
Pues sólo encontraría escombro y cenizas.
Voracidad de fuego llevan siempre mis besos.
Brasas en los ojos calcinan al mirar.
Detrás voy, lentamente, de tus pasos lentos.
Quiero arrasar tus labios con mis labios ardiendo,
y con sólo mirarte, tu piel incendiar.
Pero a estas palabras las ahoga el silencio.
La distancia a tu cuerpo debilita mi fuego.
Entre cortinas de humo se esconden mis versos.
No te sigo, no te beso. No te quemo, no te tengo.
una noche abierta sin llevar la prisa.
Rasgo la piel con espinas por robar una rosa.
Destilo el llanto hasta obtener la risa.
Le miento los puntos a la suerte,
no le rindo cuentas al destino.
No juego a las cartas con la muerte,
ni le dejo el mapa de mi camino.
Nunca mezclo el amor con la rutina
pues esto resulta en un precipitado de apatía.
No debería volver a inspeccionar las ruinas
Pues sólo encontraría escombro y cenizas.
Voracidad de fuego llevan siempre mis besos.
Brasas en los ojos calcinan al mirar.
Detrás voy, lentamente, de tus pasos lentos.
Quiero arrasar tus labios con mis labios ardiendo,
y con sólo mirarte, tu piel incendiar.
Pero a estas palabras las ahoga el silencio.
La distancia a tu cuerpo debilita mi fuego.
Entre cortinas de humo se esconden mis versos.
No te sigo, no te beso. No te quemo, no te tengo.

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