domingo, 3 de febrero de 2008
03/02/2008 2:35 a.m
Otra vez me encuentro teniendo esta "charla" conmigo misma. La calesita disminuyó la velocidad y se está viendo más claro el paisaje alrededor.Me resulta difícil distinguir mis manos entre tantas luces, es probable que este par de manos que estoy mirando ni siquiera sea el mío.Voy poblada de silencios que nadie quiere adoptar y que van formando conventillos de indiferencia en los barrios de mi tiempo. La música viene desde lejos e inunda esta fétida incertidumbre que no hace más que contaminar los días.En los ojos se ve el corazón, con su color sangre y todo, brotando con furia y arrasando todo signo de lucidez. Nací para caminar estas calles y sin embargo siempre estuvieron ajenas a mis pasos. El mapa que me llevaría al otro mundo se fue esfumando, perdí la guía y ya no hay retorno. Estoy sola tras estos muros tan grises y sin portales. Por momentos vuelvo en mis recuerdos excavando en la tierra por si aún conserva los fósiles de mi infancia, los tesoros de mi adolescencia, lo que creo que fue mi juventud. Pero estoy sólo yo. Esta lava incesante de bronca fundida que socava mis alegrías. Un cuento indecente, y una flor de plástico.Solamente está mi cuerpo, hecho de sangre, lágrimas y hojas secas. Rodeado de otoños eternos, de nevadas añejas y tormentas imaginarias. Del otro lado, sobre una nube ella, toda cubierta de escarcha, tan lejos de mis manos, tan presente en mi sangre, tan dueña de mis lágrimas.
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