miércoles, 30 de abril de 2008
Esperando...
Ayer salí a espiar al mundo. Primero, abrí la ventana y dejé que los rayos de sol me alcanzaran. Por un momento la luz me "hirió" los ojos, pero luego la sensación se fue haciendo más suave hasta desaparecer. Luego abrí la puerta, el viento me rozó la cara, como una caricia lejana, o una invitación a unirme a la danza interminable del mundo al aire libre. Hice unos pasos y estuve en la vereda, un gorrión se escapó de mi presencia y se posó en un árbol cercano. Entonces pensé en la razón de su huída, probablemente se sintió amenazado y lo comprendí. Me animé a dar dos pasos más y me senté en el borde de la vereda. No fue tan difícil. Llevo años viviendo en esta cuadra, nada hay de nuevo en ella que me pueda dañar. El mundo lleva días invitándome a salir.
Un monstruo hace guardia a la vuelta de la esquina. Esperando para susurrarme al oído sobre los peligros que rondan los días. Y si ese monstruo estuviese sólo en mi cabeza? Me perdería toda la vida sólo por una duda, una idea, por algo que se destruiría con sólo dejar de pensar en ello.
Hoy tomé el colectivo, me encontré con algunas compañeras y podría decirse que con parte de mí. Me ví en sus sonrisas, en sus miradas chispeantes de alegría por el reencuentro, me sentí en su abrazo.
Encontré también esa parte de mí que me recuerda quien soy. Esa parte que me dice que mi límite está donde yo lo puse y que podría no existir si yo quisiera borrarlo. Ya no hay armaduras, no hay escondites y definitivamente no hay miedos.
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