Esas horas en que no duermo, doy vueltas en la cama a su lado y la miro dormir. De vez en cuando me dirige la palabra sin quererlo y le respondo. Me duermo. Me despierto temprano e intento retomar el cauce de mi vida y las causas de mi lucha. Me levanto con la sensación de que estuve despierta durante la madrugada y que estoy soñando ahora. Que duermo de día, que los malos momentos son sólo pesadillas. Que los silencios son sólo contenidos del sueño. Pero no voy a despertar a una realidad mejor. Porque esta es la única realidad que mi día conoce.
En las madrugadas soy dueña de otro mundo. Pienso, planeo, oigo una voz en mi interior clamando por libertad. Suelto las aves de la imaginación y espero que regresen trayendo nuevas semillas a estas tierras. La noche ampara esta gestación, que si todo sale bien, será el preludio de un alumbramiento maravilloso, de un nuevo ser, o del regreso de un ser anterior al que aún busco por las colinas de mi alma.
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