Otra noche sin vos, toda llena de espera;
de silencios largos y angustiados;
de pausas que duran eternamente;
de ansiedades que parecen la última y la primera.
Otra noche sin vos, de manos retorcidas por los nervios
de ojos a punto de romperse como un cántaro de tristeza;
de pasos que viajan de un lado a otro del cuarto
aumentando la espera, dilatando los ruegos.
Otra noche sin vos, que se posa indiscreta
preguntando a mi alma el por qué de esta agonía
intentando descifrar el código de alarma
para así descubrir la palabra correcta.
Otra noche sin vos, que me alcanza al averno
que me estrecha la mano en este trato sombrío
de cambiar este corazón loco por uno vacío
de tomar este páramo y llenarlo de invierno.
Otra noche sin vos que me hiela la sangre
que paraliza el tiempo; que detiene mi vida.
Otra noche curiosa que se acerca a mirar
para ver si la sal, en mis heridas arde.
Otra noche y van varias, que ya pierdo la cuenta
de cuantas veces dije en vano tu nombre;
de cuántas, por piedad, accedí a olvidarte
y pidiendo disculpas, te traje de vuelta.
Otra noche y me muero de tanto, sin vos, estar viva.
De cansarse mis ojos de mirar a ese punto
que nunca se interrumpe con la llegada de tus palabras;
que nunca en letras se transforma y me esquiva.
Una noche que sangra como tantas otras,
muerta en mis manos por negar que existe.
Una noche tan larga que me corta las horas
y no se si es su sangre o es la mía que brota.
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