Hoy podría continuar escribiendo sobre una tristeza honda que no conoce fines, pero no es la ocasión. Por eso pensando y consultando con los recuerdos, decidí escribir sobre tu sonrisa. Sobre esa expresión incomparable de alegría, o de picardía. La primera vez que la vi estaba plagada de nervios. Eramos tan jóvenes. Fue el día de ese abrazo tan significativo y luminoso para mí como el sol siendo el centro de mi universo desde entonces. Había soñado tantas veces con ella, sin tener la vivencia o el recuerdo latente porque aún no la conocía. De pronto ese día se alinearon los planetas y salimos al mundo a ser un poco osadas. Y el abrazo otra vez regresando a mi mente. Esa sensación de haber llegado a casa, por fin, y sentirme seguro. No te hubiera soltado, es más, en mi corazón no te solté desde ese día.
Luego la recuerdo asomada en el preludio de un beso, cuando entre esa sonrisa y el cielo pasaron segundos.
La recuerdo celebrando el descenso de riBer, tenía que escribirlo, fue otro día brillante. El mejor festejo que jamás existiera por algo tan mundano como el fútbol, pero tan celestial por hallarme a tu lado.
Se que hace mucho que no escribo, y que ahora es la inauguración de mi alma en reparaciones. De tus noches pensando, de los días pendientes. También la espera de los sueños, pues mi sueño no muere. Aún me sueño en las noches admirando tu descanso, recorriendo tu silueta con mi vista ávida de piel.
Me estoy yendo de tema, pero en realidad sigo en lo mismo; si vos para mi sos tanto! Sos la luz que atraviesa la persiana entreabierta de los días dormidos. Sos la luna radiante persiguiendo una estrella que te quiere siempre cerca. Sos la noche y el día, la tempestad y calma. El abrazo infinito, como dije, el sentirme en mi casa. Tu sonrisa es la guía hacia ese universo que comienza en tus besos, pero jamás se acaba.
sábado, 27 de abril de 2013
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