Pero a la negación le nací gemelo y como ciego y porfiado, lo seguía negando.
Ya basta de esconder estos candados, que me cerraron el alma.
Ya basta de poner un punto y coma, donde un punto sobra y basta.
Ya veía el horizonte lejano cubierto de una nube muy negra.
Siempre le di crédito a mis ojos que se abrían a medias.
A medias tintas te escribía una verdad
que a gritos traspasaba las fronteras.
Cuántas noches escribí ese final,
en cuántas cartas que nunca te llegan.
Siempre fui un maestro del disfraz,
pero vos lograste verme al desnudo.
Viste mi yo original
y así perdiste con la duda.
Los ojos siempre llegan, siempre más allá
y todo lo que te di se vuelve sangre y sal.
Son pocas las verdades con que cuento.
Y si te cuento alguna ya tal vez no me creas.
Hace tanto que no escribo en la pared
que ya tapicé con tu nombre en colores.
Porque en blanco y negro ya me quedo el corazón
y es posible que mienta y te diga que no.
Yo no quería ser sal en tus ojos, no quería ser sarro en tu alma.
Mientras escucho de nuevo esta canción que me llena de cerrojos,
me dejo la piel en el teclado y en la pantalla la calma.
Hoy te voy a regalar una sentencia que no sepa a mentira.
Te voy a dar una moneda, si sale cruz déjame que te lo diga...
la suerte esta echada y donde manda la suerte,
no hay coraje que valga.
Pero siempre me reservo un renglón para escribir tu nombre.
Tal vez esta moneda tenga doble cara.
Yo no quería ser cruz de tu calvario, ni el almanaque en rojo
que apuñala. No quería gastar todo el abecedario, y aún así no decir nada.
Hoy le sonrío a tu foto, con cara de idiota.
Admitiendo frente a estos versos, que estás más hermosa.
Más hermosa que siempre, o siempre tan hermosa.
Como idiota sonrío y me pierdo, en tu sonrisa quieta.
Voy a tientas buscando en esta oscuridad, el pomo de la puerta.
Que ya ni se si es de salida o si me va a traer de vuelta.
A cruzar con estos pasos pesados aunque me de miedo el otro lado.
A cruzar este puente invisible, que en antes y después me divide.
Yo no quería que se corte esa soga, no quería que se quiebre el durmiente.
Yo me voy con mi cara de idiota, al calabozo que construí al perderte.

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