Desde un tiempo a esta parte, venías a oleadas a mi mente. Me despeinabas el alma con algún recuerdo y luego así, como cuando ya me mirabas de lejos tratando de reconocer en esa imagen de odio a quien fuera el amor de tu vida, te parabas tiesa. No podía traerte de vuelta con palabras dulces, con lágrimas, ni siquiera el abrazo te sacaba de esa petrea contemplación de la cáscara de lo que fue tu ogro.
No sabía porque insistía tu fantasma en pararse junto a mi cama todas las noches. No se por qué de pronto recordé tu voz. Ni siquiera se por qué cuando tocaba otros cuerpos, los flashes de nuestra pasión se me presentaban y se representaban. Sentía que me estaba volviendo loco. Que todo lo que hacía tenía tinte de pasado. Un deja vu eterno.
Moría por saber si estabas bien, porque me dijeras siquiera que nada nuevo había pasado. Pero no quería preguntar.
Uno sabe que al preguntar, tiene que soportar la respuesta. Yo no quería preguntar. Yo sabía dentro de mí que esas visiones y esas ráfagas de pasado venían a decirme algo. Ni que hablar de los sueños. Donde me mirabas desde una altura y me preguntabas si estaba bien. No, no estaba bien. Estaba aún juntando pedazos, estaba aún recalculando. Esperaba que no lo supieras. Esperaba que nadie te lo dijera para que no te aflijas ni sientas lástima por mí.
Se que no tienes ni nunca tuviste que contarme nada de lo que pasara en tu vida. Ni antes, ni durante, ni mucho menos, después de estar conmigo.
Siempre te pregunté lo que quería saber. Me respondiste siempre con tu más filosa honestidad. Aún sabiendo que podía romperme en cualquier momento. Pero fuiste honesta.
Lo que me llama la atención de todo, es que nadie vino a decirme "dijo que te ama"; "dice que te extraña"; "Está mal y necesita verte"...nada. Si no fuera por las pocas veces que lo dijiste, hasta hubiera pensado que nunca lo habías sentido. Pero siempre hubo alguien para preguntar " ¿Qué? ¿Ahora está con ella?"; "¿Sabés que estuvo acá?" ; " ¿Sabés de lo que me enteré?". Siempre hubo alguien/algo para anunciar que te habías ido a verle, siempre hubo fotos y canciones para explicarme lo felíz que estás a su lado. A la luz de la verdad, ya me pensaba repuesto de todas estas cosas. Ya confiaba en que no podían venir a contarme/mostrarme nada que me derrumbe. ¡Qué iluso puedo ser a veces!
Yo sabía que podías, pero nunca quise preguntar. Te felicito. Una vez más, te pido perdón, por no dejarte alas. Por no entender que la cuestión no era que no pudieras ser felíz porque no te sentías libre. La cuestión era que no podías ser libre, porque no te sentías feliz.Otra vez: Punto para ella.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario