Me acosté temprano con la promesa de que no iba a escribir nada. Aquí me encuentro casi a las 3 de la mañana, sentada frente al teclado.
Desterrada de mi habitación que ya se hartó de mis sollozos. Tras las quejas de mi almohada que nunca conoció tu perfume , salvo por la efímera esencia que se pegaba a mi piel en el abrazo de despedida en cada viaje.
En fin, la noche de testigo, el silencio de compañía y esta rústica presencia detenida en el pasado.
Ese pasado en el que me sentaba en la cama y vos en la silla que siempre había en la habitación y charlábamos de la vida. Algo que se hizo casi una tradición.
Ese pasado en el que mis jaquecas, que aún me acompañan, arruinaban nuestras salidas. La tarde en la que salimos a tomar un helado y me contaste de tus abuelos. La cena en la que hablamos de tu familia, de tu infancia y de todo lo que pudimos, que ahora inevitablemente regresa. La noche en la que elegimos el living, la cocina y el dormitorio de lo que sería nuestra casa. Incluso hasta tus dudas ahora me parecen tan tiernas.
El primer beso, tembloroso, tímido, hasta infantil si se quiere.
Tu carita cuando descendió River, perdón, RiBer. Tus abrazos, tus manitos chiquitas y hasta tu manera de lavarte la cara! (recuerdo que me asalta todos los días , cuando recién despunta la jornada y trato de enjuagarme el mal sueño).
Todo eso tuvimos en común, además de tus sábanas, de tu Cerro, de tu Salta. Todo eso en común, que ahora es oro puro, porque es lo único que me queda. Lo que hace que el corazón me de un vuelco cada vez que nombran a La Linda (es verdad que es tan linda que enamora). Todo eso en común que te trae en el recuerdo, tan real como ahora, que te siento a mi lado leyendo lo que escribo, secando mis lágrimas. Todo eso en común. Ese nosotros, que ahora es vos por un lado, yo por otro. Vos con ella, yo y la nada.
Me acosté temprano con la promesa de que no iba a escribir nada. Pero me trajeron los recuerdos, que amenazan con no dejarme conciliar el sueño si no te dedico unas palabras. Si no consagro este día como un año de jaula. Una jaula que siempre tuvo la puerta abierta, pero no logró que salga. Cómo salir si ahí estaba mi vida, si ahí estaban tus fotos, si ahí todo me salva? Tengo que salir. Por mi bien. Porque el viento me invita. Porque vos me decís que salga.
Dicen que si amas algo lo dejes libre, si vuelve...bueno, ya sabés como sigue... Ya va un año. No sólo que no volviste, sino que también te cobijaste en otros brazos. Ya va un año. Te esperé toda la vuelta del año. Las 4 estaciones, 12 meses, muchísimas horas. Creo que es suficiente. Qué otra prueba necesito ya? No vas a volver. No de esa manera.
Se que siempre voy a tener tu abrazo compañero, tus palabras de aliento, que me vas a retar cuando esté rueditas para arriba, y que voy a hacer lo mismo por vos, cada vez que se deba. Hasta eso tenemos en común.
Prometí que no iba a escribir nada. Acá me tenés una vez más, desnudando el alma.
sábado, 16 de agosto de 2014
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