miércoles, 13 de enero de 2016

14/01/2016 1:57

Me fui alejando de todo lo que me llevara de vuelta a tus días. De las espinas y las hojas urticantes que me rozaban la piel de la memoria en lugar de tus manos. Me acordé de tus manos, de su suave tacto, de tus dedos pequeños. Recordé cada vez que las comparaste con las mías. Grandes, torpes, extrañas. Pero tenías fascinación por mirarlas. A ellas les encantaba tu piel. La recorrían casi de memoria. Nunca las vi tan vacías a decir verdad.
Me seguía alejando de las cosas queridas, vividas, soñadas. Algunas lo hicieron tan simple, estaban tan lejos. ¡Pero las almas y todo lo incorpóreo viajan tan rápido!
Me desvío por los caminos a los que no quiero volver, pero el mundo es un círculo y es un remolino de vidas. Me dejo arrastrar indefectiblemente por lo inevitable. Me encuentro sentado en ese trozo de cemento en las cercanías del estadio. Escucho los cascabeles y veo pasar los caporales en cámara lenta. El diablo del carnaval se llevó mi última chance. Allá quedaron enterradas con el carnaval que me soltó la mano, todas mis esperanzas de recuperarnos.
Por primera vez en mi vida volví solo. Volví sobre mis pasos, sobre mi vuelo. Sobre esa cruz de arenas y espuma del mar que nunca voy a conocer con vos. Me juré todos los días de estos años que no volvería a derramar ni una palabra. Pero me cortaban el alma, tengo que decirlas. No pretendo por ello ni siquiera que vengas a reconocer que he cambiado. Que soy tan insoportable y nuevamente optimista como antes. O más. Que hay cierta luz en mis ojos que no te permite mirar hacia dentro. Pero qué puedo decir. Tuve que seguir. Por amor...a mi mismo. No podía abrazarme más a una esperanza que ya estaba acabada hace tiempo. No podía vivir en la casa que imaginamos y planeamos porque nunca supe vivir solo. Por eso elegí. Elegí volver conmigo. Vivir conmigo. Contar conmigo. Es cierto que hay ciertas falencias a la hora del abrazo. Que no se mirarme a los ojos como vos sí sabías. Que no se hacerme temblar con sólo pronunciar mi nombre. Sólo tengo la certeza de que estoy de regreso en mí mismo. Y eso, siempre querida mía, no deja de ser la mayor de mis suertes.